Dejar las cosas para luego no las hace desaparecer.

Dejar las cosas para luego no las hace desaparecer: definitivamente no. Por mucho que las dilates, por muchos papeles que pongas encima de ese listado de tareas o por mucho que llenes de post-it ese fatídico día en tu agenda, esa tarea-cosa-cita-trabajo-etc. no va a desaparecer.

Dejar las cosas para luego…

Al arte de que pase el tiempo mientras que las cosas no se hacen solas se llama “procastinar“. Podemos utilizar la palabra que queramos, pero la realidad es que podemos encontrar mil excusas para ir alargando el tiempo que nos separa de terminar (o si acaso empezar) aquello que nos espera desde hace ¿días-semanas-meses?

¿Y porqué procastinamos? Dejar las cosas para luego es el resultado de que, seguramente, no nos apetezca mucho aquello que tenemos que hacer. Nadie nos tiene que obligar para hacer las cosas que realmente nos apetecen, ¿verdad? Por lo tanto una de las primeras explicaciones que existen a la procastinación es que aquello que debemos hacer no nos resulta lo suficientemente atractivo.

“Un gran objetivo sólo se consigue cuando cada cosa pequeña que haces cada día te acerca a ese objetivo”

Otra de las razones puede ser la falta de constancia. Cuando tenemos una determinada disciplina en nuestra vida, no nos resulta tan complicado hacer aquellas cosas que nos resultan menos agradables. Las hacemos porque tenemos cierto entrenamiento para ello, y se convierten en algo que además nos reconforta por haberlas logrado. Hay una pequeña recompensa personal detrás de cada cosa que hacemos, un refuerzo positivo hacia ti.

Dejar las cosas para luego puede convertirse incluso en el guión de nuestra vida. Es decir, podemos comenzar a vivir teniendo como acciones de nuestro día a día solamente cosas que dilaten lo que nos habíamos puesto como objetivos, y ¿entonces? ¿para qué queremos esos objetivos?

dejar las cosas para luego

¿En qué procastinamos?

Las cosas más comunes en las que utilizamos la procastinación son, por ejemplo, empezar-continuar con alguna nueva actividad por voluntad propia (ir/volver al gimnasio, ir a baile de salón, ir al club de escalada, ir al dentista, comenzar a comer sano…) o realizar alguna tarea asignada (comenzar a estudiar, preparar un trabajo, comenzar un informe, empezar con ese diseño web, entregar aquel proyecto…).

Como podemos comprobar estas tareas requieren de un elemento común: COMENZAR-EMPRENDER-CONTINUAR una acción. Cuando las pensamos, solamente de tenerlas en la mente, ya nos cansamos de ellas. Y esto es porque, como ya he explicado en algunos posts anteriores, para nuestra mente aquello que pensamos ya está sucediendo. Por tanto, si pienso mucho en que tengo que comenzar a ir al gimnasio, al final, sin haber ni siquiera puesto un pie en él, estaré cansado/a de esta tarea sin ni siquiera haberla iniciado.

Encontraré mil cosas que hacer antes de comenzar esa acción. Y todas ellas mucho más urgentes o importantes (a mi parecer).

Lo importante en ese momento es:

1. Que visualicemos el resultado final, y no solamente la propia tarea en sí.
2. Que no nos comprometamos con tareas (que nosotros/as mismos nos hemos asignado) las cuales hemos decidido por impulsos. Para decidir hacer algo o comenzar una actividad debemos primero tener un proceso de reflexión sobre si eso en el tiempo nos va a seguir apeteciendo y nos va a traer resultados positivos o beneficiosos.
3. Tenemos que hacer un trabajo de proyección de todo lo que cambiará en nuestra vida cuando comencemos esa tarea/actividad. Por ejemplo, si decidimos cambiar nuestra alimentación y un día dejamos de comprar todo aquello que comíamos y sólo compramos lo nuevo, seguramente echaremos de menos algunas cosas y esto nos va a hacer (casi al 100% seguro) volver a nuestros antiguos hábitos de alimentación y posponer eternamente los nuevos.

Tener claros mis objetivos propios y ser constante en los asignados.

Debes ser inteligente. Los objetivos propios son aquellos que yo mismo me marco en mi vida y en los que puedo elegir. ¿Por qué decidir objetivos que no me motivan o que no son ecológicos conmigo mismo/a? Voy a decidir mis acciones con responsabilidad y huyendo de los impulsos del momento, y sobre todo reflexionando en cómo y en qué cosas cambiará mi vida cuando los inicie o los consiga. ¿Es un precio que voy a querer/saber pagar? Esa es la cuestión.

Dejar las cosas para luego es el resultado de una mala programación de mis metas relacionado con mi momento actual. Quizás estén “desadaptadas“. Si me encuentro en un momento de baja energía lo normal es que me apetezca hacer actividades de perfil bajo y no apuntarme a mil cosas a la vez en las que encima tendré que relacionarme con mucha gente (y eso no me apetece).

“Más horas trabajadas no significa más productividad”

En cuanto a las actividades asignadas (véase aquellas que nos vienen impuestas por trabajo, profesión, estudios, núcleo familiar…) deberemos trabajar nuestra constancia e implicación, y sobre todo, pensad algo muy importante: Si en mis tareas propias (las que yo elijo) ya estoy procastinando, estaré muy entrenado para ello y me será muy sencillo dejar para luego también las tareas asignadas de modo externo. En cambio, si en las cosas que yo me pongo como objetivos propios no procastino y las logro o consigo hacer, será más sencillo mantener una coherencia de trabajo con las tareas asignadas de modo externo. Es cuestión de estar entrenados.

dejar las cosas para luego

Herramientas para no dejar las cosas para luego

1. Trabaja tu constancia en las tareas de asignación externa.

2. Elige objetivos propios que de verdad te sean atractivos.

3. No te llenes de tareas y objetivos cuando tienes una baja energía.

4. Prioriza las tareas, debes saber cuales son las más URGENTES y luego las IMPORTANTES.

5. Ponte límites de tiempo para terminar las cosas y no los consumas al máximo.

6. Comprueba que no tomas decisiones por impulso.

7. Visualiza todo lo que cambiará en tu vida por conseguir esos objetivos o realizar esas actividades y reflexiona sobre ello. Si sólo de pensarlo compruebas que no te compensa, ese no es un objetivo que debas asignarte como propio.

8. Trabaja el refuerzo positivo cada vez que consigas algo que te has propuesto y no lo has “dejado para luego”. Disfruta de esa sensación y ánclala en tí. Incluso puedes ponerte recompensas.

9. Si uno de los motivos por los que dejas las cosas para luego son las redes sociales, diversos gadgets, etc… desconectados cuando estés haciendo algo. Quita el wifi del ordenador o la red de tu teléfono móvil. Son “enemigos” que no te están ayudando.

10. Si tienes “grandes tareas” por delante, divídelas en pequeños objetivos, serán mucho más realistas y realizables.

Para trabajar en la definición de objetivos, en la consecución de tus metas, en tu constancia, tu disciplina… son muy eficaces las herramientas del Coaching o la PNL. Informarte acerca de sus beneficios y de todo lo que puedes conseguir con ello. También si gestionas equipos de trabajo o quieres que tu propio trabajo sea más productivo y eficaz.

Espero que os haya gustado el artículo, y sobre todo, que a partir de ahora podáis establecer vuestras tareas con mayor claridad, sabiendo cuales elegís como propias y sobre todo, llegando a realizarlas. Porque dejar la cosas para luego no las hace desaparecer.

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Eva Perea, CONTACTO
Terapeuta y Coach personal y de Pareja
Directora y Fundadora de Terapia y Emociones 

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