Zona de Confort: ¿y si no le pones límites?

Buenos días, ¿qué tal todo? Espero que muy bien… Hace unos días fue mi cumpleaños y estuve pensando acerca de los distintos cambios que ha dado mi vida (y que dará) a lo largo de todo este tiempo. Mientras lo hacía me daba cuenta de todos las pequeñas ampliaciones que había hecho de mi zona de confort. Ese espacio en el que te sientes protegida o protegido. Ahí dónde controlas todo lo que sucede (o al menos eso crees) y en el que estás realmente a gusto. No ves vida más allá de esa pequeño territorio, tu reino personal, y lo que ves parece estar lleno de cosas que te asustan y te abruman. Un precipicio que te espera justo en el borde. Pero; ¿y si no le pones límites a tu zona de confort?

Estoy hablando precisamente de sentirte bien hagas lo que hagas, pudiendo asumir los distintos riesgos y nervios que supone intentar distintas cosas en tu vida. Estar continuamente retando ese bienestar seguro que te provoca hacer lo que controlas y ya tienes más que aprendido. Cuando te retas a ti misma como persona llegas a adquirir una cantidad incontable de recursos y herramientas que luego pueden transferirse a otros ámbitos de tu vida , en los que te serán muy útiles.

Pero, ¿qué es exactamente la zona de confort? 

Empecemos por el principio. La zona de confort es ese espacio en el que sientes realmente que lo dominas todo. Puede ser tan pequeña que se reduzca al tamaño de tu aislada habitación en una casa compartida, o puede abarcar todas aquellas acciones en las que te ves muy cualificado/a y dónde no tienes rival (al menos conocida/o).

La zona de confort puede ir cambiando de tamaño conforme vas avanzando en tu vida. Y no, no siempre va ampliándose. En muchas ocasiones va reduciendo su tamaño, haciendo como consecuencia que se reduzca también nuestro rango de acción en ella. Muchas personas viven con una zona de confort muy reducida, y con ello hacen que su presencia en sus propias vidas sea limitada. Imagina todo lo que te ofrece este mundo. A veces llega a abrumarnos y con ello nos asusta. La zona de confort es ese pequeño búnker en el que encontramos una seguridad figurada a cambio de vender parte de nuestra libertad.

¿Cómo salir de mi zona de confort?

Salir de la zona de confort es como subirte a una montaña rusa: en un inicio te preguntas ¿porqué me he subido yo aquí? pero luego comienzas a disfrutar todas las emociones que te regala haberlo hecho y una vez has terminado has vivido una experiencia irrepetible. Pues bien, salir de allí te va a hacer romper con tus creencias más limitantes, enfrentarte a tus miedos, cuestionar aquello que creías inamovible, retarte y superar tus propias barreras. Una vez has salido de ella amplias tu rango de acción y adquieres habilidades y competencias que te ayudarán a lo largo de tu vida.

Lo primero que debemos hacer es ser conscientes de que existe esa zona de confort. Es decir, saber que tenemos unos límites auto-impuestos y dónde se sitúan éstos. Reconocer que a pesar de lo que podríamos pensar no somos tan “perfectos o perfectas” como creemos. Una actitud de transgresión hacia algo distinto.

Todo aquello que es como no estamos acostumbrados va a retarnos a salir de nuestra zona de confort. Las reglas inamovibles y las frases generalizadas del “yo siempre…”, “…es que yo soy así…”, “yo nunca haría…”, etc… son las preferidas para quedarnos quietos y quietas y no dar un paso hacia ningún lado. De esto sabe mucho la PNL (programación neurolingüística) de la que hablo en este artículo.

Rodearnos de gente que reta de manera continuada esa zona de confort es otro de los recursos que más nos van a servir. Si solo estamos con personas que no tienen aspiraciones, las cuales se mueven aún menos que nosotros o nosotras hacia sentirse mejor. En las cuales no observamos esa “capacidad de mejorar”, no vamos a sentir o a comprobar que la transgresión sea positiva.

Es importante dejar de querer controlarlo todo. Olvídate. La vida es completamente incontrolable, no vas a poder hacer que pase lo que tu quieres en todo momento, y mucho menos evitar que otras cosas sucedan. Créeme, en este juego solo hay unas cuantas reglas y no las ponemos nosotros/as. Por eso, deja de querer que todo esté perfectamente estructurado mientras estudias como hacer que ninguna pieza se mueva. Disfruta de todo lo que supone salir de esa zona de confort y ver los resultados que suceden a tu alrededor.

No pongas límites a tu zona de confort

Cuanto menos límites tenga tu querida zona de confort más oportunidades tendrás para traspasarlos y sentirte en forma. Si haces que tu zona de confort tenga unos bordes muy poco delimitados vas a verte siempre mucho más capaz de superarlos, y cuando no te des cuenta estarás fuera de sus propias limitaciones. ¿Y cómo lo consigues? Entrenando. Como todo. Debemos entrenar cada día en este sentido, porque la zona de confort siempre tiende a volver a su sitio. Es muy cómoda, y siempre va a tender a tenerte plenamente controlada o controlado. Debes evitarlos, retándola cada día. Ampliando cada instante la zona en la que tú podrás sentirte seguro.

Es un trabajo diario el que debes hacer. Espero que lo comiences pronto. Si quieres que te acompañe en él sólo tienes que escribirme a eva@terapiayemociones.com. ¡Gracias!

Un saludo <3

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Eva PereaCONTACTO 
Terapeuta y Coach personal y de Pareja
Sexóloga / Experta en Personas Altamente Sensibles (PAS)
Fundadora y Directora de Terapia y Emociones

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