Carta abierta a la alta sensibilidad

Hoy me he decidido a escribir una Carta abierta a la alta sensibilidad. Este rasgo al que dedico tanto tiempo en mi vida por mi profesión, del que tanto he leído, del que tanto me informo e investigo cada día. Este rasgo que yo misma tengo y que me cambió tanto la vida descubrir. Y ahí van mis palabras hacia ella:

Carta abierta a la alta sensibilidad

” Querida alta sensibilidad, 

antes de conocerte no sabía muy bien que era aquello que sucedía. En ocasiones lo achacaba a que era una persona solitaria e independiente. Que no me gustaba demasiado la gente a pesar de que me rodeaba de ella. Entendía que todo el mundo sentía los mismos nervios que llenaban mi estómago en muchas (la mayoría de las situaciones) de mi vida. Pensaba que todo el mundo tenía esas sensaciones, y vivía su vida desde las mismas emociones aumentadas exponencialmente desde las que la vivía yo. Esto fue hasta que crecí y comencé a intuir que quizás no fuera así. Que mi forma de entender, sentir y vivir era un tanto distinta. 

Las pequeñas cosas me emocionaban al mismo tiempo que las injusticias me podían poner muy triste. Mientras tanto, al resto del mundo parecía que todo eso no le importaba demasiado. Este análisis de mi entorno comenzó a confirmar aquello que ya suponía: mi fantasía infantil de que todo el mundo sentía como yo no era cierta. 
Me fui adaptando a las circunstancias aprendiendo a cuidarme de algo que no sabía muy bien lo que era. Aprendí a vivir con aquellos nervios, y a relacionarme de manera aparentemente normal con el mundo. Realmente me gusta mucho la gente, pero a la vez me agotaba y me hacía ponerme muy nerviosa. No sabía que era aquello que me contrariaba. 
Siempre me ha gustado ayudar a la gente que hay a mi alrededor, y mi imaginación fue y es una de mis grandes aliadas. La que siempre me da consejos desde una razón que me permite desafiar a las reglas establecidas. 

Después de un tiempo, y sin avisar, llegó la noticia a mi vida de que existías. Ta-chan! Todo cobraba sentido. Era como haber estado en una habitación medio a oscuras, tirando pequeñas cosas a mi paso mientras paseaba por ella, y de repente, se hizo la luz. Entendí dónde estaba, qué me rodeaba y porqué. Me diste una gran tranquilidad cuando llegaste y explicaste que habías estado en mi vida desde que comenzó. 

Entonces, empecé a conocerte, y por ende, a conocerme más a mi misma. Entendía mucho más la vida en cada segundo que pasaba y sabía que tú estabas ahí. No es que las cosas hubieran cambiado, pero sí la manera de verlas. Desde ese momento podía comenzar a trabajar con unas herramientas que sí existían, y que me permitirían poner un nombre a aquellos nervios constantes, esas emociones repentinas, aquel estrés que no avisaba y esos malestares a los cuáles no podía dar sentido. Todo aquello no era “porque sí”. Todo aquello era por ti y por mí. 

Desde que apareciste en mi vida con nombre y apellidos todo fue más sencillo. No me refiero a que ya controle perfectamente todo lo que ocurre en mi. Y la verdad, tampoco me gustaría llegar a hacerlo. Haces de mi una persona muy especial. Agradezco haberte dado sentido, y trabajo cada día para interiorizarte de un modo mucho más amable en mi ser. Este trabajo que comencé hace años no fue sencillo al inicio, pero desde luego, fue una gran aventura que cada día me regalaba satisfacciones constantes. Leer mi vida con tus gafas me enseñó y me tranquilizó. Fue una oportunidad nueva de reinventarme.

En definitiva, hoy puedo decir que eres una de los grandes reencuentros de mi vida. Y digo reencuentros porque me has ayudado a volver a mi Yo, aquel que no se deforma para poder controlar todo lo que hay a su alrededor. Ahora sé que tú ya estabas en mí desde que nací y sólo he tenido que descubrirte a lo largo de mi vida. Me alegro mucho de que fuera tan pronto, y de conocerte cada día más. 
Y es que, cuando conoces a alguien de nuevo es necesario tiempo, compartir momentos y recordar historias. Un trabajo de crear una nueva visión a partir del momento del reencuentro. 

Invito a todo el mundo que no te conozca, a darte una oportunidad. Ya que aquellas personas que sólo tengan que reencontrarte sabrán que tu estabas ahí mucho antes que ellos mismos. Trabajo hace tiempo en ello, en descubrir a otras personas y ayudarlas en este camino de gestionarte en sus vidas. Espero de verdad que poco a poco te vayan conociendo mucho más. Que llegues a más gente para que puedan descubrirte y así comenzar ese viaje en el que yo tengo la suerte de formar parte. 

Un abrazo, seguimos en contacto… 🙂 “

Espero que os haya gustado y que os invite a seguir descubriendo mucho más sobre las Personas Altamente Sensibles. Desde luego, que el reencuentro con la alta sensibilidad es un momento mágico. Por suerte, comparto muchos de estos momentos con muchas personas que eligen que las acompañe y las guíe en este camino. Y desde luego, es una experiencia muy satisfactoria y de un gran valor de desarrollo personal.

Gracias a todas las personas que me siguen tanto por las redes sociales como por esta web, si queréis poneros en contacto conmigo, tan solo tenéis que escribir a eva@terapiayemociones.com. Espero que os haya gustado esta carta abierta a la alta sensibilidad.

carta abierta a la alta sensibilidad

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Eva PereaCONTACTO 
Terapeuta y Coach personal y de Pareja
Sexóloga / Experta en Personas Altamente Sensibles (PAS)
Fundadora y Directora de Terapia y Emociones

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