La resistencia al cambio: mejor me quedo como estoy.

La resistencia al cambio es una de las actitudes más frecuentes en el ser humano. Nos deja inmóviles en medio de nuestra vida agarrándonos al presente como si este fuera el único escenario en el que queremos vivir el resto de nuestros días.

Aunque este escenario no sea del todo lo que buscamos, solemos pensar aquello de “más vale malo conocido que…” ¿qué? esta situación de inmovilismo e inacción sólo nos relega a un segundo plano en nuestra propia realidad, sin dejarnos ser realmente dueños o dueñas de lo que nos sucede.

Resistencia al cambio

¿Por qué nos resistimos a los cambios?

Inseguridad. Plantear la vida desde la inseguridad hace que nunca estemos preparad@s para tomar esas decisiones de las cuales, en muchas ocasiones, devendrán estos cambios. Vivir en un estado dubitativo refuerza nuestra inseguridad.
Pensemos que la inseguridad se construye día a día, y si la entrenamos será una de nuestras peores aliadas.

Pérdida de control. Ante los cambios sentimos que perdemos el control, que estamos abocad@s a la sucesión de situaciones que no estarán bajo nuestro poder. Son como un pequeño viaje en una montaña rusa hacia un lugar incierto.

Resistencia al cambio
Ilustración de Agustina Guerrero

Fuera de nuestra zona de confort. Si tenemos una zona de confort (ZC) muy pequeña, todo lo que ocurra fuera de ella nos provocará una enorme ansiedad o angustia. Este aspecto está muy relacionado con lo que hemos comentado anteriormente sobre la pérdida de control. Cuanto más grande sea nuestra ZC más disposición mostraremos hacia los cambios.

Adiós rutina. Tenemos también mucho miedo al cambio de nuestros hábitos, aunque estos vayan a cambiar a algo mejor. Somos muy fieles a nuestro día a día, y cuando avistamos un posible cambio empezamos a enfocarnos solo en lo bueno que tiene aquello que vivimos ahora, focalizando incertidumbre y cierta negatividad en aquello que se asoma en nuestra vida.

La sensación de peligro. Concebimos el cambio y todo lo que este supone como algo peligroso. Algo que acecha a nuestra tranquila realidad. Y como consecuencia anclamos aún más la resistencia a que este suceda. ¡Cuidado, que viene el cambio!

– Foco de estrés. Los cambios provocan en nosotros y nosotras la sensación de que todo va muy rápido. Y las prisas provocaba estrés.

Las personas flexibles, dinámicas y resolutivas son las que mejor se adaptan a los cambios. Trabajando estas características en tu personalidad puedes mejorar en tu adaptación a lo nuevo y tu resistencia al cambio.

Tipos de cambio

Existen dos tipos de cambio. Uno, el que sucede sin que nosotros o nosotras podamos hacer nada al respecto, los cambios devenidos. Estos son los que más repercusiones tienen a nivel emocional en aquellas personas que se resisten al cambio, ya que juegan en su contra. Son cambios ante los que no te puedes preparar, ni tan siquiera los esperas (o si los esperas de modo inconsciente, deseas que no sucedan). No te dan opción y te dejan con la sensación de estar completamente desprotegida o desprotegido ante ellos.

Ante estos cambios muchas personas intentan volver atrás si ven alguna posibilidad en hacerlo. Rebobinar en la vida es altamente complicado, ya que todo lo que nos sucede, y más los cambios, nos dejan una marca que ya no puede ir hacia el pasado. Solo nos deja caminar hacia delante.

“No son los más fuertes o los más inteligentes los que sobreviven, si no los que mejor se adaptan al cambio” Charles Darwin

Resistencia al cambio
Ilustración de Sara Fratini

Los segundos son los cambios decididos. Son aquellos cambios que si que han dependido de nuestra decisión consciente (o al menos seguro que hemos intentado que lo sea). Ante estos cambios si que existe una preparación y una meditación previa. Son los cambios que más cuesta hacer, ya que dependen de una acción por parte del sujeto.

En estos cambios entrarían todos los componentes que hemos enumerado en el punto anterior. Todos entran en juego y dilatan el proceso de cambio, la decisión de que suceda. Esa resistencia al cambio.

Debemos ser conscientes ante los cambios decididos que la oportunidad y el momento juegan un papel transcendental en el hecho de que los cambios que están en nuestra mano tengan un resultado positivo. Si dilatamos demasiado la acción del cambio podemos hacer que incluso pierda el sentido que tenía al principio, o incluso que este llegue tarde. No te dejes llevar por las suposiciones.

¿Debemos planear los cambios?

Existen cambios los cuáles es recomendable preparar si queremos que sucedan,
como por ejemplo un cambio de trabajo. Si permanecemos inactivos y no realizamos un correcto Plan de Acción para que “la máquina de cambios” comience a funcionar difícilmente los conseguiremos.

Es posible planear los cambios. De hecho, hasta aquellos cambios que se dan en nuestra vida y que no han sido fruto de nuestras decisiones, vienen dados en gran medida por aquellas actitudes que hemos decidido llevar en nuestro día a día.

Resistencia al cambio

Pero, también existen aquellos cambios que vienen solos, y que debemos dejar que sucedan, fluir con ellos y respetarlos. De hecho, una vez comencemos a realizar cambios en nuestra vida habrán muchos otros que los acompañarán sin que lo hubiéramos imaginado. Resistirse al cambio es una batalla perdida. Aceptarlo y comenzar a trabajar para que las cosas sean como realmente nos gustarían, esa es la verdadera batalla.

Nunca sabes lo que esconden los cambios en tu vida

No debemos clasificar los cambios en negativos o positivos. Los cambios deben aceptarse tal y como lo que son: variaciones en nuestra vida. A veces un mismo cambio nos vendría genial en un momento mientras que en otro “nos viene muy mal”. Por eso, cuanto menos nos resistamos y más en consonancia vivamos, los cambios se adaptarán a su justo tiempo y siempre tendrán una razón para ocurrir. No alimentes la resistencia al cambio.

Deja que suceda.

*Ilustración de portada de Joana Santamans

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Eva PereaCONTACTO 
Terapeuta y Coach personal y de Pareja
Sexóloga / Experta en Personas Altamente Sensibles (PAS)
Fundadora y Directora de Terapia y Emociones

 

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